Dos hermanas argentinas, detenidas el 14 de junio en Miami por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), fueron deportadas el 29 de agosto tras permanecer 76 días en centros de detención. Durante ese período, denunciaron maltratos, condiciones sanitarias deficientes y demoras administrativas en su proceso de expulsión.
Dos hermanas argentinas, de 24 y 34 años, fueron detenidas el 14 de junio en Miami por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) y deportadas el 29 de agosto, tras permanecer 76 días en distintos centros de detención. Las mujeres, cuyos nombres se mantienen en reserva, relataron a LA NACION las condiciones que atravesaron durante su encierro.
Según su testimonio, el 14 de junio se dirigían a su trabajo cuando fueron interceptadas por oficiales de civil que habían rastreado la patente del automóvil. En el vehículo viajaban también una ciudadana colombiana y dos adolescentes. Los mayores de edad fueron trasladados a oficinas del ICE, donde se les consultó si aceptaban la deportación voluntaria. Las hermanas aceptaron, con la expectativa de que el proceso duraría aproximadamente una semana.
Durante el traslado inicial, permanecieron esposadas y con grilletes. Fueron llevadas a un centro de detención en Luisiana, donde compartieron un pabellón con 120 mujeres. Según su relato, las instalaciones contaban con seis inodoros sin puertas, lavamanos sobre los inodoros, y las nuevas ingresadas debían buscar colchón o dormir en el suelo. Les entregaron un conjunto de ropa deportiva gris y un rollo de papel higiénico semanal.
Las hermanas declararon que la atención médica era limitada: una enfermera indicaba que no podía medicar y que el médico asistía únicamente los lunes. Mencionaron casos de otras detenidas con dolencias que debieron esperar varios días para ser atendidas. También señalaron que la comida era un revuelto de alimentos no identificables y que el agua potable estaba turbia.
El proceso de deportación se extendió debido a que, según la administración, los pasaportes de las hermanas se habían extraviado. El consulado argentino tramitó documentos provisorios, que fueron rechazados en reiteradas ocasiones por errores de forma. Finalmente, los pasaportes fueron devueltos a las hermanas en la puerta del avión que las trasladó de regreso a la Argentina.
Las hermanas afirmaron que durante todo el proceso no recibieron explicaciones claras sobre los plazos y que los oficiales mostraban indiferencia ante sus consultas. También relataron que, en una ocasión, tras comunicarles que serían trasladadas, no las fueron a buscar y el vuelo fue reprogramado días después.
El vuelo de deportación partió desde Miami. Las hermanas fueron escoltadas hasta la escalerilla del avión y liberadas de las esposas y grilletes en ese momento. Durante el vuelo, manifestaron sentirse aliviadas por regresar a su país.
