En la medición de septiembre, el peso tributario alcanzó el 58%, aunque bajó cuatro puntos respecto de junio debido a la mejora de los precios de los granos. Dos analistas explicaron el impacto de las retenciones y los tributos provinciales en el sector.
El índice FADA mide cómo se distribuye la renta agrícola después de descontar costos e impuestos. En la medición de septiembre, el peso tributario alcanzó el 58%, aunque el porcentaje bajó cuatro puntos respecto de junio, cuando había llegado al 62%, debido a la mejora de los precios de los granos y no a una reducción general de impuestos.
Antonela Semadeni y Matías Randazzo analizaron el índice y la distribución de la renta agrícola en diálogo con Ronda de Economistas (RDEco), por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, y explicaron el peso de las retenciones, los impuestos nacionales y las cargas provinciales sobre el resultado del productor.
El peso de los impuestos en la renta agrícola
El índice FADA calcula cómo se distribuye la renta agrícola después de descontar costos e impuestos. Según explicó Semadeni, “es ingresos, menos costos, el dinero que queda que nosotros llamamos renta agrícola”, para luego determinar cuánto corresponde a impuestos, alquiler de la tierra y cuánto queda finalmente para el productor.
En la medición de septiembre, el peso tributario alcanzó el 58%. “El 58% se va al pago de impuestos”, señaló Semadeni, quien remarcó la magnitud de la cifra: “Es muchísimo”.
“No es que bajaron los impuestos”, explicó Semadeni. “Mejoraron los precios de los granos, entonces la plata que te termina quedando de ingresos menos costos es mayor”. En consecuencia, el peso relativo de los tributos disminuyó sobre una renta agrícola más elevada.
Para Randazzo, la comparación con otros sectores permite dimensionar la particularidad de la estructura agropecuaria. “No lo vi en ninguna empresa fuera de lo agrícola”, afirmó sobre una carga impositiva de esa magnitud. Al mismo tiempo, destacó que el 14,5% que queda como resultado para el productor puede considerarse significativo frente a los márgenes de muchas empresas.
Retenciones, impuestos nacionales y cargas provinciales
Semadeni señaló que las retenciones explican una parte sustancial de la presión fiscal del agro: “La mitad del índice FADA caería si vos quitás retenciones”. Y resumió una diferencia central respecto de otras actividades: “El agro siempre paga todos los impuestos que pagan todos los sectores y además retenciones”.
Según el desglose presentado, el 95% de los impuestos no coparticipables corresponde a retenciones, mientras que los impuestos nacionales coparticipables representan el 35% de la carga. Los tributos provinciales —entre ellos Ingresos Brutos, inmobiliario rural y Sellos— rondan el 7% u 8%, mientras los municipales representan menos del 1%.
Semadeni también advirtió sobre la evolución del inmobiliario rural en algunas jurisdicciones. “La provincia de Buenos Aires aumentó entre un 70 y un 110 por ciento el inmobiliario rural cuando la inflación fue del 30”, sostuvo, y señaló que las tasas municipales deben analizarse también en relación con la extensión de los caminos rurales que cada municipio debe mantener.
En cuanto a la rentabilidad empresarial, Randazzo explicó por qué excluye el IVA de sus cálculos: “El IVA no es de la empresa” y considerarlo en el análisis “es engañarte de todos lados” porque se estaría incorporando un impuesto que luego debe ser ingresado al fisco.
