La gestora cultural uruguaya Emma Sanguinetti analizó la profunda influencia de Dante Alighieri en las artes visuales a lo largo de la historia, destacando el papel fundacional de la traducción de Bartolomé Mitre para su arraigo en la cultura argentina.
La abogada y gestora cultural uruguaya Emma Sanguinetti ofreció esta tarde una conferencia en el Auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, dedicada a explorar la influencia de Dante Alighieri en la historia del arte. Bajo el título «Dante: el poeta más pintado. Del verso a la imagen», el encuentro trazó el recorrido de la obra dantesca más allá de la literatura, atendiendo a su impacto en las artes visuales y en producciones contemporáneas.
Sanguinetti, docente de la Universidad Católica del Uruguay e integrante del board consultivo del MACA, se detuvo especialmente en la tradición argentina de lectura de Dante. Destacó el lugar «fundacional» que ocupa la traducción de Bartolomé Mitre dentro de la cultura local, no solo por ser la primera versión argentina del poema, sino por la dimensión «titánica» de su trabajo al enfrentar la complejidad de trasladar la Divina Comedia. Esta tarea, señaló, permitió el arraigo del texto en el país y abrió una tradición de traducciones y lecturas que consolidaron su presencia.
La conferencia enlazó esta figura con otra clave: Jorge Luis Borges, citando una conferencia de 1958 en Buenos Aires donde el autor planteaba la centralidad de Dante en la tradición occidental. A partir de este cruce, Sanguinetti sostuvo que es posible entender por qué la obra sigue operando como un hilo conductor que atraviesa siglos, lenguas y geografías.
Antes de adentrarse en Dante, la expositora trazó un breve mapa del diálogo entre literatura y artes visuales, con ejemplos que van desde el Quijote de Pablo Picasso hasta las ilustraciones de Las flores del mal de Baudelaire y las relecturas pictóricas de Shakespeare.
Luego, se centró en la potencia visual de la Divina Comedia, destacando su impacto en el arte desde los frescos de Luca Signorelli y el Juicio Final de Miguel Ángel, hasta la pintura de Domenico di Michelino en la catedral de Florencia. Subrayó que la obra debe leerse también como un «libro del exilio», escrito tras la expulsión de Dante en 1302, lo que explica la persistencia de su figura tanto como autor y como personaje.
En el cierre, repasó la construcción visual de Dante como símbolo de Italia en el siglo XIX, así como representaciones potentes del Dante personaje en obras de Eugène Delacroix, Gustave Doré y William Blake, culminando con Las puertas del Infierno de Auguste Rodin, donde el universo dantesco se transforma en una reflexión sobre la condición humana.
