Viviana Álvarez y Sebastián Vallejos compartieron espacios y trabajos durante años sin conocerse, hasta que en 2013 se encontraron en Bahía Blanca. Cuatro meses después se fueron a vivir juntos y, doce años más tarde, tras emigrar a Estados Unidos y regresar temporalmente a su ciudad, relatan cómo el destino los unió.
Viviana Álvarez y Sebastián Vallejos estuvieron en los mismos lugares en múltiples ocasiones sin llegar a encontrarse. Coincidieron en trabajos, compartieron espacios —incluso él escribió el nombre de ella en una gráfica de televisión—, pero nunca se cruzaron. Se conocieron en Bahía Blanca en 2013 a través de Facebook, comenzaron a escribir y luego decidieron verse. Desde ese día no se separaron.
“Nos teníamos en Facebook, pero no nos conocíamos personalmente. Empezamos a escribirnos y charlar, hasta que un día decidimos que teníamos que vernos. Y desde ese día no nos separamos más”, declaró Álvarez.
La pareja estuvo cuatro meses de novios antes de irse a vivir juntos. “Y ya pasaron 12 años desde ese momento”, afirmó ella. Ambos tenían hijos de relaciones anteriores: Amparo y Mateo, hijos de Vallejos; Juli, Simón, Jonás y Alejo, de Álvarez.
Durante la pandemia perdieron sus trabajos en un medio local y decidieron reabrir una radio junto a excompañeros, proyecto que terminó cuando se declaró la emergencia sanitaria. “A veces uno tiene fabulosos proyectos con buenísimas intenciones, pero las cosas no salen como uno planea”, reflexionó Álvarez.
Posteriormente, Vallejos recibió una oportunidad laboral en Estados Unidos. Él, técnico especializado en equipamiento para radio, TV y streaming, comenzó a trabajar desde Argentina para una empresa estadounidense, hasta que ambos emigraron. Ella, de 46 años, encontró empleo en un canal de deportes en español, primero como productora y luego como cronista.
“Más allá de que vivir en Florida facilita las cosas… el idioma, la cultura latina sobre todo… el desafío primordial es emigrar a nuestra edad. Adaptarte a otra cultura, los trámites, seguro social, salud, bancos…”, enumeró Álvarez.
El menor de sus hijos, Alejo, ingresó sin conocimiento de inglés en una escuela estadounidense. “Le fue maravillosamente. Terminó graduándose en la Fienberg Fisher de Miami Beach”, afirmó Álvarez.
Actualmente, mientras esperan la resolución de su cambio de estatus migratorio, están de regreso en Bahía Blanca. La ciudad fue afectada por dos tragedias climáticas: el huracán del 16 de diciembre de 2023 y la inundación del 7 de marzo de 2025. “Antes de volver muchos nos decían que iba a ser un poco shockeante la Bahía con la que íbamos a encontrarnos después de los desastres. Pero no sé si es porque nos preparamos para ver lo peor, o si es que extrañé la ciudad… pero la veo hermosa. Veo edificios nuevos, modernos, locales comerciales nuevos también… la veo mejor que en 2022 cuando nos fuimos”, sostuvo Álvarez.
La decisión de emigrar respondió a factores económicos. “Yo estudié en Argentina, y en un momento me dije: mi viejo trabajó 40 años y se murió de un infarto porque le sacaron el medidor de gas. ¿Qué me espera a mí? Jubilada con la mínima, monotributista, sin casa. No vislumbro posibilidades de tener una, ni de heredar nada. Voy a terminar con la mínima, sin casa, ganando para los remedios y la comida. ¿Y el alquiler qué?”, expresó Álvarez.
“Teníamos una radio FM que se quedó sin publicidades en la cuarentena. Un negocio de ropa cerrado meses. Nos quedamos con deudas, incluso con amigos que nos prestaron guita. Y dijimos: ¿cómo generamos dólares para pagar lo que debemos en pesos si con lo que ganamos en Argentina solo podemos alquilar y vivir?”, agregó.
Álvarez también mencionó dificultades profesionales previas en su ciudad natal. “Pagué muy caro mi irreverencia de juventud. Era muy picante cuando era chica. Donde algo no me gustaba, pegaba un portazo y me iba. Cantaba las 40 y me iba. Y claro, para tener un programa en Bahía tenías que salir a buscar publicidad, pagar espacio, vender… Yo no estoy de acuerdo con eso. Me parece que bastardea la profesión y no es digno”, afirmó.
“Antes de que él apareciera todo era gris”, resumió Álvarez. “Seba me cambió la vida. A mí y a mis hijos. A veces pienso en cómo era todo antes de que él apareciera, y lo recuerdo… gris. Él, además de ser nuestro capitán del barco es un líder total en la vida. Y eso hace que todo sea más lindo. Siempre dice: ‘Ya sabemos que esto no es perfecto, pero lo vamos a hacer perfecto nosotros’”, señaló.
“Entonces, ¿cómo no escribirle cosas lindas?; ¿cómo no agradecerle, si nos cambió la vida? Mi parte es sostenerlo con amor y con gratitud, para que él siga siendo el líder que es para nuestra familia”, concluyó Álvarez.
