La obra de Sebastián Irigo, protagonizada por Teresa Costantini y Adriana Salonia, regresó a escena para explorar la vigencia de la carta como género literario y su vínculo con la comunicación actual.
La obra Otras palabras, escrita por Sebastián Irigo y protagonizada por Teresa Costantini y Adriana Salonia, regresó a escena este mes con funciones especiales. La pieza pone en diálogo la correspondencia de escritores fundamentales con las experiencias personales de las actrices. Según Costantini, “es increíble todo lo que esta obra despierta”.
El hallazgo de las cartas
La obra surgió a partir del hallazgo casual de una caja llena de cartas. Al leerlas, las actrices descubrieron una dimensión íntima de los autores. Costantini señaló: “Fundamentalmente descubrí personas. Son autores y autoras que había leído, cuyas obras conocía, pero en las cartas aparece un pensamiento muy profundo sobre la vida”. Salonia agregó: “Descubrí que, más allá del tiempo, de la fama o de la distancia, todos hablamos de lo mismo. Finalmente, todo lo que hacemos tiene que ver con el amor”.
La carta como hecho artístico
La obra plantea si una carta puede ser un hecho artístico. Costantini explicó: “Lo que hacemos es leer esas cartas, pero también contar qué nos provocan. La introducción a cada una nace de experiencias personales y, entre carta y carta, aparece nuestra propia historia”. Salonia señaló: “Actuar una carta tiene algo muy especial. Generalmente uno las lee en silencio. En cambio, ponerles voz, respiración y cuerpo hace aparecer sentidos nuevos”.
El reencuentro en escena
Las actrices, con una amistad de más de treinta años, destacaron el valor del reencuentro. Salonia afirmó: “Lo más lindo de este regreso fue descubrir que, después de tantos meses sin hacer la obra, las dos teníamos cosas nuevas para decirnos”. Costantini agregó: “Volver a encontrarnos hizo que aparecieran otras asociaciones, otras emociones y otras lecturas sobre los mismos textos. Eso también demuestra que una carta nunca se termina de leer”.
El tiempo y la espera
La obra reflexiona sobre el tiempo dedicado a escribir y esperar una respuesta. Costantini sostuvo: “El tiempo que uno le dedicaba a un amor, a una amistad o a un hermano cuando se sentaba a escribir una carta. Había una decisión de detenerse. Hoy vivimos con una sensación de vértigo permanente”. Salonia agregó: “También desapareció algo muy importante: la espera. Uno escribía, enviaba la carta y esperaba la respuesta. Ese tiempo también formaba parte del vínculo”.
La pérdida de la escritura íntima
Las actrices consideraron que la inmediatez modificó el lenguaje. Costantini afirmó: “Cuando uno se sienta a escribir descubre que las palabras ya no aparecen con la misma facilidad. Hoy el mensaje es breve, urgente, casi siempre funcional”. Salonia agregó: “Ya casi no existe esa escritura íntima que tenía una carta. Nosotros invitamos al público a pensar cuándo fue la última vez que escribió una”.
Libros y autores revisitados
Durante la preparación de la obra, las actrices retomaron lecturas. Salonia mencionó a Virginia Woolf y Un cuarto propio, así como a Simone de Beauvoir y La mujer rota. Costantini mencionó a Chéjov y relató: “Buscando material para la obra encontré un diario manuscrito de Juan Rulfo que tenía en casa y prácticamente había olvidado”.
Una obra sobre el presente
Salonia concluyó: “Las cartas terminan siendo una excusa para hablar del presente. No se trata de sentir nostalgia por un tiempo que ya pasó, sino de preguntarnos cómo nos comunicamos hoy, cuánto tiempo le dedicamos al otro y cuánto espacio dejamos para pensar antes de hablar o escribir”.
